Lenin: Julio, 1916: Balance de la discusión sobre la autodeterminación .
1. EL SOCIALISMO Y LA AUTODETERMINACIÓN DE LAS NACIONES
Hemos afirmado que constituiría una traición al socialismo renunciar a llevar a la práctica la autodeterminación de las naciones en el socialismo. Se nos contesta: "El derecho de autodeterminación no es aplicable a la sociedad socialista". La discrepancia es cardinal. ¿Cuál es su origen?
"Sabemos -objetan nuestros contradictores- que el socialismo acabará por completo con toda opresión nacional, ya que acaba con los intereses de clase que conducen a ella"... ¿A cuento de qué esa consideración acerca de las premisas económicas de la abolición de la opresión nacional, conocidas e indiscutibles desde hace mucho, cuando la discusión gira en torno a una de las formas de opresión política, a saber, de la retención violenta de una nación dentro de las fronteras del Estado de otra nación? ¡Es simplemente un intento de esquivar las cuestiones políticas! Y las consideraciones posteriores nos reafirma más aún en esta apreciación: "No tenemos ningún fundamento para suponer que la nación tendrá en la sociedad socialista el carácter de una unidad político-económica. Lo más probable es que tenga únicamente el carácter de una unidad cultural y lingüística, ya que la división territorial de la esfera cultural socialista, en el caso de que exista, sólo podrá efectuarse de acuerdo con las necesidades de la producción. Con una particularidad: esa división no deberán decidirla, como es natural, las distintas naciones, cada una por su cuenta, con toda la plenitud de su propio poder (como exige el "derecho de autodeterminación"), sino que la decidirán conjuntamente todos los ciudadanos interesados". . .
A los camaradas polacos les gusta tanto este último argumento de la determinación conjunta en vez de la autodeterminación que lo repiten tres veces en sus tesis. Pero la frecuencia de la repetición no transforma este argumento octubrista y reaccionario en socialdemócrata. Porque todos los reaccionarios y burgueses conceden a las naciones retenidas por la violencia en las fronteras del Estado correspondiente el derecho de "determinar conjuntamente" su destino en el Parlamento general. También Guillermo II concede a los belgas el derecho de "determinar conjuntamente" el destino del imperio alemán en el parlamento general alemán.
Nuestros contradictores se esfuerzan por dar de lado precisamente lo que es controvertible, lo único sometido a discusión. el derecho de separación. ¡Seria ridículo si no fuera tan triste!
En nuestra primera tesis decimos ya que la liberación de las naciones oprimidas presupone, en el terreno político, una transformación doble: 1) Plena igualdad de derechos de las naciones. Esto no suscita discusión y se refiere exclusivamente a lo que ocurre dentro del Estado. 2) Libertad de separación política. Esto se refiere a la determinación de las fronteras del Estado. Sólo eso es discutible. Y nuestros contradictores guardan silencio precisamente sobre eso. No desean pensar ni en las fronteras del Estado ni incluso en el Estado en general. Es una especie de "economismo imperialista" semejante al viejo "economismo" de los años 1894-1902, que razonaba así: el capitalismo ha triunfado, por eso no vienen al caso las cuestiones políticas. ¡El imperialismo ha triunfado, por eso no vienen al caso las cuestiones políticas! Semejante teoría apolítica es profundamente hostil al marxismo.
Marx decía en la, Crítica del Programa de Gotha: "Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado". Hasta ahora ha sido indiscutible para los socialistas esta verdad, que encierra el reconocimiento del Estado hasta que el socialismo triunfante se transforma en comunismo completo. Es conocida la expresión de Engels acerca de la extinción del Estado. Hemos subrayado adrede, ya en nuestra primera tesis, que la democracia es una forma del Estado, que deberá desaparecer junto con él. Y mientras nuestros contradictores no sustituyan el marxismo con cualquier nuevo punto de vista "a-estadista", sus consideraciones serán un error desde el comienzo hasta el fin.
En lugar de hablar del Estado (¡y, por tanto, de la determinación de sus fronteras!) hablan de "la esfera cultural socialista", es decir, ¡eligen intencionadamente una expresión vaga en el sentido de que se borran todas las cuestiones relacionadas con el Estado! Resulta una tautología ridícula: si el Estado no existe, tampoco existe, naturalmente, el problema de sus fronteras. Y entonces está de más todo el programa político-democrático. La República tampoco existirá cuando "se extinga" el Estado.
En los artículos del chovinista alemán Lensch a que nos hemos referido en la tesis 5 [de "La Revolución Socialista y el Derecho de Autodeterminación"] se cita un interesante pasaje de la obra de Engels El Po y el Rin. Engels dice allí, entre otras cosas, que en el curso del desarrollo histórico, que se engulló una serie de naciones pequeñas y carentes de capacidad vital, las fronteras de "las naciones europeas grandes y viables" fueron determinándose cada vez más por "la lengua y las simpatías" de la población. Engels califica esas fronteras de "naturales". Así ocurrió en la época del capitalismo progresivo, en Europa, alrededor de 1848-1871. Ahora, el capitalismo reaccionario, imperialista demuele con frecuencia creciente esas fronteras, determinadas democráticamente. Todos los síntomas predicen que el imperialismo dejará en herencia al socialismo, que viene a reemplazarlo, fronteras menos democráticas, una serie de anexiones en Europa y en otras parte del mundo. Y bien, ¿es que el socialismo triunfante, al restaurar y llevar a su término la democracia completa en todos los terrenos, renunciará a la determinación democrática de las fronteras del Estado? ¿No deseará tener en cuenta las "simpatías" de la población? Basta hacer esas preguntas para ver con la mayor claridad que nuestros colegas polacos ruedan del marxismo al "economismo imperialista".
Los viejos "economistas", que convertían el marxismo en una caricatura, enseñaban a los obreros que para los marxistas "sólo" tiene importancia lo "económico". Los nuevos "economistas" piensan o que el Estado democrático del socialismo triunfante existirá sin fronteras (como un "complejo de sensaciones" sin la materia), o que las fronteras serán determinadas "sólo" de acuerdo con las necesidades de la producción. La realidad es que esas fronteras serán determinadas democráticamente, es decir, de acuerdo con la voluntad y las "simpatías" de la población El capitalismo violenta estas simpatías, agregando con ello nuevas dificultades al acercamiento de las naciones. El socialismo, al organizar la producción sin la opresión clasista y asegurar el bienestar de todos los miembros de Estado, brinda plena posibilidad de manifestarse a las "simpatías" de la población y, precisamente como consecuencia de ello, alivia y acelera de modo gigantesco e acercamiento y la fusión de las naciones.
Para que el lector descanse un poco del "economismo' pesado y torpón, citaremos el criterio de un escritor socialista ajeno a nuestra disputa. Ese escritor es Otto Bauer, que tiene también su "punto flaco", la "autonomía cultural-nacional", pero que razona muy acertadamente en una serie de cuestiones importantísimas. Por ejemplo, en el § 29 de su libro La cuestión nacional y la socialdemocracia ha destacado con extraordinaria exactitud el encubrimiento de la política imperialista con la ideología nacional. En el § 30, El socialismo y el principio de la nacionalidad, dice:
"La comunidad socialista jamás estará en condiciones de incluir por la violencia en su composición a naciones enteras. Imaginaos unas masas populares dueñas de todos los bienes de la cultura nacional, y que toman parte activa e íntegra en la labor legislativa y en la administración y, por último, que están provistas de armas. ¿Es que sería posible someter por la violencia a esas naciones a la dominación de un organismo social extraño? Todo Poder estatal se asienta en la fuerza de las armas. El actual ejército popular, gracias a un hábil mecanismo, sigue siendo un arma en manos de determinada persona, familia o clase, exactamente igual que las tropas mercenarias y de los caballeros en la antigüedad. En cambio, el ejército de la comunidad democrática de la sociedad socialista no será otra cosa que el pueblo armado, pues estará compuesto por personas de elevada cultura que trabajarán de modo voluntario en los talleres sociales y participarán plenamente en todos los dominios de la vida del Estado. En tales condiciones desaparecerá toda posibilidad de dominación por parte de otra nación".
Eso sí es exacto. En el capitalismo no es posible suprimir la opresión nacional (y política, en general). Para conseguirlo es imprescindible abolir las clases, es decir, implantar el socialismo. Pero, basándose en la economía, el socialismo no se reduce íntegramente a ella, ni mucho menos. Para eliminar la opresión nacional hace falta una base: la producción socialista; mas sobre esa base son precisos, además, la organización democrática del Estado, el ejército democrático, cte. Transformando el capitalismo en socialismo, el proletariado crea la posibilidad de suprimir por completo la opresión nacional; esta posibilidad se convierte en realidad "sólo" -¡"sólo"!- con la aplicación completa de la democracia en todos los terrenos, comprendida la determinación de las fronteras del Estado en consonancia con las "simpatías" de la población, comprendida la plena libertad de separación. Sobre esta base se desarrollará a su vez, prácticamente, la eliminación absoluta de los más mínimos roces nacionales, de la más mínima desconfianza nacional; se producirán el acercamiento acelerado y la fusión de las naciones, que culminará en la extinción del Estado. Tal es la teoría del marxismo, de la que se han apartado erróneamente nuestros colegas polacos.